PRÁCTICA 5. Curas - PDF to Podcast
Published on Oct 19, 2026
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Bienvenidos a Cuidados al Día, el espacio donde la enfermería se explica con calma. Hoy hablamos de heridas: cómo valorarlas, clasificarlas y tratarlas. Elena, bienvenida.
Gracias, Carlos. Vamos a poner orden a un tema muy amplio. La idea es que quien nos escuche salga con un mapa claro: qué mirar, qué preguntar y qué decisiones se toman después.
Empecemos por lo básico. Cuando llega una persona con una herida, ¿por dónde empezamos la valoración?
Lo primero es valorar la localización y la morfología, porque eso nos orienta sobre el origen de la lesión y nos ayuda a elegir el mejor tratamiento.Después medimos. Con una regla graduada obtenemos longitud y anchura; la superficie aproximada se calcula con largo por ancho por cero coma setenta y ocho.
Eso ya nos da un dato objetivo para comparar la evolución, ¿no?
Exacto. Y junto a la medida, hay que describir los tejidos del lecho: necrótico, esfacelos, granulación, epitelial o cicatrizado.También revisamos la piel perilesional, la cantidad y el tipo de exudado, los signos de infección, las tunelizaciones o trayectos fistulosos y el dolor.
El dolor suele ser lo que más condiciona la experiencia del paciente.
Sí, y en la valoración conviene registrarlo. El dolor suele estar presente de forma continua y aumenta en la cura, sobre todo al cambiar el apósito o al hacer desbridamiento cortante.Se recomienda usar una escala como la EVA y valorar analgesia antes de la cura. También ayuda elegir apósitos que no causen dolor al retirarlos.
Pasemos a la clasificación. ¿Qué distingue una herida aguda de una crónica?
Una herida aguda puede repararse por sí misma o mediante técnicas de cura en un tiempo adecuado y esperado. Suele deberse a factores externos: traumatismos, cirugía, cortes, laceraciones o quemaduras; muchas cierran por primera intención con sutura.La crónica no cura en un tiempo razonable y puede estar influida por factores extrínsecos o intrínsecos, como la edad o patologías previas.
Dentro de las crónicas, el material habla de lesiones asociadas a los cuidados y de lesiones de origen sistémico. ¿Qué incluye cada grupo?
Las asociadas a cuidados incluyen úlceras por presión, lesiones por humedad, por fricción y combinadas. Las de origen sistémico incluyen úlceras venosas, arteriales y pie diabético.
UPP y lesión por humedad a veces se confunden. ¿Cómo las diferenciamos?
La UPP aparece en prominencias óseas o partes blandas sometidas a presión. La lesión por humedad aparece en pliegues cutáneos, partes blandas, zona perineal o perigenital, y también sobre prominencias óseas sin sospecha de presión.La UPP suele ser circular, más regular y limitada a un lugar; la lesión por humedad es irregular y en espejo. La UPP puede tener necrosis y bordes claramente distinguibles; la humedad no suele tener necrosis y sus bordes son irregulares y difusos.
Y en las lesiones por fricción, ¿cómo se clasifican?
Se presentan como eritema lineal que no palidece, como flictena o como úlcera con pérdida de sustancia. Se clasifican en categoría I, eritema sin flictena; categoría II, presencia de flictena; y categoría III, lesión con pérdida de integridad cutánea.
Vamos con las úlceras venosas y arteriales. ¿Cómo las distinguimos en la práctica?
La úlcera venosa se debe a hipertensión venosa. Se localiza en la región supramaleolar interna o a la altura media de la pantorrilla; suele ser variable en tamaño y forma, con bordes suaves, algo excavados, de color rojo violáceo o brillante.La piel perilesional puede mostrar dermatitis ocre, hiperqueratosis o atrofia blanca. El lecho puede ser fibrinoide o con granulación. Son poco dolorosas, los pulsos están presentes y la piel tiene temperatura corporal; puede haber exudado por edema o infección.
Frente a eso, la arterial suena a otro escenario.
Sí. La arterial se debe a isquemia por déficit de aporte sanguíneo. Se localiza en zona plantar, borde externo del pie, espacios interdigitales, talón, dedos o cara lateral de la tibia. Son pequeñas, redondeadas y superficiales, y puede observarse necrosis.Los bordes son lisos, redondeados e hiperémicos; la piel perilesional es pálida, brillante, sin vello y delgada; el lecho es necrótico o con esfacelos; el dolor es intenso; los pulsos están ausentes y la piel está fría. No suele haber exudado salvo infección.
La diferencia de dolor y de pulsos es clave para no equivocarse.
Y no hay que olvidar el pie diabético. Es una herida que aparece con frecuencia en la planta del pie en personas con diabetes, causada por falta de sensibilidad por neuropatía y por problemas de circulación por isquemia.La neuropatía daña los nervios y reduce la sensibilidad al dolor, así que el paciente puede no notar un roce o un corte. La vasculopatía reduce el flujo sanguíneo y enlentece la cicatrización.El cuidado incluye vigilancia e higiene diaria, lavado con agua a menos de treinta y siete grados y jabón neutro, secado cuidadoso de zonas interdigitales, crema hidratante, uñas cortadas en ángulo recto, calzado cerrado y bien ajustado, calcetines de algodón, plantillas de descarga, revisiones de podología y control de glucemia.
Cuando la herida no avanza, toca preparar el lecho. ¿Qué es el protocolo TIME?
TIME es un modelo sistemático para la valoración y preparación del lecho de la herida. Ayuda a estandarizar la valoración, identificar barreras para la cicatrización, optimizar las intervenciones de enfermería y favorecer la toma de decisiones clínicas.La T es tejido: valoramos granulación, necrosis, esfacelos y fibrina, y actuamos con limpieza y desbridamiento. La I es inflamación e infección: vigilamos dolor creciente, eritema, exudado purulento, olor o retraso en la cicatrización, y controlamos la carga bacteriana.La M es control del exudado o humedad: buscamos un ambiente húmedo óptimo, evitando tanto la maceración por exceso como las costras por déficit. La E son los bordes epiteliales: valoramos cavitación, queratosis o falta de avance, y reevaluamos T, I y M.
¿Y qué tipos de desbridamiento existen?
El material describe varios: autolítico, enzimático, quirúrgico, cortante, osmótico, mecánico y biológico.El autolítico usa los mecanismos naturales del organismo y un ambiente húmedo; es indoloro, muy selectivo y fácil de aplicar, pero lento y no está indicado en infecciones no controladas.El cortante elimina tejido desvitalizado con instrumentos como bisturí o cureta. Es rápido y permite valorar mejor el lecho, pero requiere formación, control del dolor y del sangrado, y condiciones de asepsia.
No hay un método mejor para todos, ¿verdad?
Exacto. Cada uno tiene ventajas y limitaciones. Por ejemplo, el quirúrgico es el más rápido para retirar tejido necrótico, pero requiere quirófano, es agresivo y poco selectivo. El biológico usa larvas estériles y puede generar rechazo psicológico.
Y además del desbridamiento, hay terapias complementarias.
Sí. La terapia de presión negativa es no invasiva y controlada; mantiene un ambiente húmedo y cerrado, elimina el exceso de fluidos, estimula la granulación y disminuye la colonización bacteriana.También la cura en ambiente húmedo reduce el tiempo de cicatrización, favorece la angiogénesis, aumenta el aporte de oxígeno y nutrientes, regula el exudado, reduce el dolor y facilita los cambios de apósito.
Para cerrar, ¿cuál sería el mensaje clave?
Valorar bien, medir, describir el lecho y reevaluar. Se recomiendan valoraciones semanales para detectar complicaciones y comprobar la efectividad del tratamiento; la escala PUSH puede ayudar a seguir la evolución.
Y recordar que cada herida tiene su contexto: no se trata solo de poner un apósito, sino de entender por qué no cicatriza.
Así es. La valoración sistemática y la preparación del lecho son la base para elegir el tratamiento adecuado.
Gracias, Elena. Y gracias a quienes nos escuchan. Nos vemos en el próximo episodio.
Gracias, Carlos. Hasta la próxima.