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DE USOS Y DESUSOS Revista de arte cultura y otros usos I Edición Año 2022 Revista de Usos y Desusos Derechos Reservados Monelll Mercadeo01 CONTENIDO TABLA DE02 El inesperado auge del Cine Centroamericano María Lourdes Cortés Historiadora Costarricense ¿Cómo es posible que Panamá esperara 60 años para ver historias propias, y no ser solo el escenario de películas de James Bond? Chance (2009), de Abner Benaim, se estrenó en Panamá y logró una taquilla mayor que la megaproducción hollywoodense Avatar. En Costa Rica, se presentó, pero no tuvo “chance” entre tantas producciones industriales, aunque se conseguía en los laberintos de la piratería. La comedia de Benaim cuenta cómo dos empleadas domésticas secuestran a sus patrones, supuestos ricos, pero quienes lo deben todo, con tal de mantener sus apariencias. Ellas son maltratadas y toman su defensa en manos propias. El filme es un retrato de un estrato social típico de nuestros países, en el que las apariencias son más importantes que los valores como la familia y la solidaridad. Por su parte, Honduras no vio ningún largometraje propio durante todo el siglo XX pero, en el año 2003, se presentaron tres filmes: Almas de la media noche, de Juan Carlos Fanconi; Anita la cazadora de insectos, de Hispano Durón y No hay tierra sin dueño, del mítico realizador, Sami Kafati. Dicho director duró 17 años en realizar la película; murió y la familia logró que algunos profesionales chilenos la finalizaran. El resultado es que dicho filme se presentó, de manera póstuma, tanto en Cannes, como en el festival de Tribeca. Es una historia épica, tradicional de Latinoamérica en la que se da la lucha entre los campesinos jóvenes o independientes y los terratenientes. Si se quiere, una historia típica de la literatura de la primera mitad del siglo XX pero que, lamentablemente, no ha perdido vigencia en nuestra región. Almas de la medianoche es una historia de terror que mezcla leyendas lencas con zombis. El filme, el primero en ser mostrado en el país, fue realizado con un presupuesto menor a 40 mil dólares y estuvo tres meses en cartelera; recuperó su inversión y se convirtió en un verdadero fenómeno entre el público joven. Anita, la cazadora de insectos, trata el tema del consumismo y de lo aparencial, también, pero en clases medias. Es la adaptación del cuentista Roberto Castillo. Seis años después, en el año 2009, se presentó de nuevo en los cines una comedia: Amor y frijoles, de Mathew Kodath y Hernán Pereira. El filme es una comedia costumbrista de enredos sobre el amor y los chismes pueblerinos. Nicaragua “noqueó” a varias superproducciones hollywoodenses con La Yuma (2009), de Florence Yaugey. De igual manera, habían pasado 21 desde que Ramiro Lacayo, director del mítico Instituto Nicaragüense de Cine (INCINE), realizara el largometraje El espectro de la guerra (1988). Con la caída de los sandinistas, el cine perdió el apoyo estatal y no fue sino hasta el 2009 que se pudo concluir y presentar otro filme que, como decíamos, superó a Ironman y a otros filmes millonarios, además de haber obtenido, en sus primeras exhibiciones, 9 premios internacionales. Chance (2009) de Abner Benaim, Panamá 03 La Yuma es una boxeadora asediada por la violencia familiar y social, que logra escapar de un mundo de miseria y violencia. La chica decide salvarse, y rescatar a sus hermanos. Después de varios incidentes, se incorpora a un mágico circo y se libera del destino que inevitablemente le tocaba: pobreza, agresión y maltrato. La Yuma, aparte de mostrarnos la Nicaragua en diversos estratos sociales, nos propone una salida de esperanza, lo que hace que el filme conecte con el público. El Salvador tampoco realizó sus largometrajes desde los años setenta. En el año 2008Roberto Dávila revivió la reciente guerra civil en Sobreviviendo Guazapa. La película causó mucha polémica, ya que los sobrevivientes del conflicto consideraron que el filme tiene una visión ideológicamente de derecha. Sin embargo, los espectadores acudieron a las salas y hubo un verdadero diálogo en torno al filme y, mejor aún, fue una, excusa para reflexionar en torno a la reciente guerra civil. Pero, ¿por qué sucede esta aceleración de nuestra filmografía? El silencio del cine en Centroamérica El silencio de Neto (1994), de Luis Argueta, multipremiado en importantes festivales internacionales, fue el único largometraje de ficción realizado durante la década de los años noventa. La exhibición, distribución y consumo del audiovisual estaba en plena transformación. Las grandes salas de cine habían desaparecido, pero todavía no se habían consolidado los complejos de cine adosados a los “mall”. Teníamos el VHS, pronto el DVD, y el cable, lo que nos dio cada vez más posibilidades de entretenimiento. Sin embargo, a partir del 2001, un huracán cinematográfico se desató. Una serie de factores nos explica este fenómeno. Guatemala creó, en 1998, un festival para la región, el Ícaro, que paulatinamente se fue consolidando y, pronto, tendrá su décima segunda edición. En Costa Rica, desde 1992, se realiza la Muestra de cine y vídeo costarricense la cual presenta lo que se produce en cortometraje, documental y animación. Dicha muestra cuenta ya con 18 ediciones, lo que en nuestros países es un récord. Asimismo, surgió, en el 2003, el festival de vídeo joven, “La 240”, que muestra los trabajos de jóvenes sin experiencia y cuyas propuestas pueden ser presentadas en cualquier formato. Dicho festival se transformó en centroamericano a partir del 2008. La academia también comprendió la importancia del audiovisual. La mayor parte de los realizadores, hasta entonces, eran autodidactas. A partir de los años noventa, muchos jóvenes vinieron graduados de diversas escuelas de Europa, del bloque soviético y, sobre todo, de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), de San Antonio de los Baños, Cuba. La Universidad de Costa Rica abrió una especialidad de producción audiovisual en su carrera de Comunicación Colectiva y, en el 2009, se creó una Maestría en Cinematografía. La Universidad Veritas fundó sus carreras de Cine y Televisión y Animación Digital, en Costa Rica, que ya ha graduado a una docena de jóvenes. En Guatemala, la productora Casa Comal, en asociación con la EICTV, abrió también una escuela práctica de audiovisual y, en El Salvador, lo que empezó como una taller de producción audiovisual en la Escuela Mónica Herrera, hoy ya es un diplomado formal. Leyes de cine se aprobaron en Panamá y en Nicaragua. Costa Rica tiene la suya en la Asamblea Legislativa y El Salvador redactó un proyecto. Existen asociaciones formales en todos los países, las que han influido en sus gobiernos. Es el caso del ingreso a Ibermedia, el proyecto de coproducción cinematográfica más importante de Iberoamérica, el cual implica que el gobierno de cada país pague una cuota de $100 000 USD por año, pero que los proyectos presentados obtienen más del doble de lo que el país ha invertido. Ya han ingresado Panamá, Costa Rica y Guatemala. Un “menú” de formatos, estéticas y te- La Yuma (2009), de Florence Yaugey, Ni- máticas caragua04 Luis Argueta, realizador de El silencio de Neto (1994), volvió al cine de una manera diametralmente diferente. Con su película Collect call (2002), mostró las difíciles condiciones económicas y las pocas oportunidades que tuvo para realizar su segunda película. El protagonista de El silencio de Neto, actualmente un campesino, fue el actor que representó a Neto, 8 años más tarde. El joven, después de haber conocido el “glamoroso mundo del cine, quiere volver a ser actor. Acude a un Luis Argueta supuestamente director de éxito en Estados Unidos. Quiere conseguir el sueño americano, pero junto a Luis Argueta y su esposa (como actores principales) termina lavando platos y estafando a turistas. Las condiciones de producción de la película son precarias: realizada en digital, con la misma familia actuando, en época actual y sin vestuarios específicos. El filme rompe los límites entre la ficción y el documental y con ella se abre un abanico de posibilidades de hacer cine. Un año después, se realizó una película tradicional: Donde acaban los caminos, de Carlos García Agraz, adaptación de la novela homónima de Mario Monteforte Toledo. También se produjo otra adaptación literaria, Lo que soñó Sebastián, de Rodrigo Rey Rosa, y dirigida por él. Ambas con una buena calidad estética. La primera, aborda un tema tradicional de la historia de amor imposible entre el ladino y la indígena. La segunda, más contemporánea, tiene como protagonista el Petén y los problemas de caza y daños al ambiente que allí se suceden. Casa Comal empezó a producir una serie de filmes, la mayoría de denuncia. La casa de enfrente (2003) y VIP, la otra casa (2007), de Elías Jiménez, plantean la corrupción del sistema político del país, el mundo de las drogas y del trasiego del sexo, mientras que Las cruces, poblado próximo (2005), de Rafael Rosal, aborda el tema de la reciente guerra civil y de cómo los poblados indígenas eran arrasados por los militares. En el año 2009, producen La bodega, de Ray Figueroa, una historia de venganza de dos ciudadanos contra un pandillero. Rafa Tres estrenó su filme Un día de sol (2010), sobre una chica que quiere vivir rodeada de todo lo que tenga que ver con el fútbol. Películas como Fe, de Alejo Crisóstomo y Las marimbas del infierno, de Julio Hernández, son también algunos de los filmes que se encuentran en postproducción. Gasolina (2008), de Julio Hernández, es más una película de autor, con una propuesta estética propia. Propone la Guatemala de posguerra, donde la violencia está en las calles y ya no en las montañas. Un grupo de adolescentes se reúne para robar gasolina y dar vueltas sin destino. Es el país sin esperanza, que rechaza sus raíces –atropellan a un indígena y uno de los chicos le prende fuego– y que no tiene propuestas de futuro. El filme ha ganado varios premios internacionales, entre ellos el de Mejor película latinoamericana, en la sección Horizontes latinos, del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Un día de sol (2010), de Rafa Tres, Guatemala Gasolina (2008), de Julio Hernández, Guatemala05 En Costa Rica, el cine también está avanzando de manera inaudita y el cine nacional se ha convertido en noticia cotidiana. Desde Asesinato en El Meneo (2001), de Óscar Castillo, denuncia de la corrupción política y empresarial, entre comedia y chicas semidesnudas, pasando por Mujeres apasionadas (2003), de Maureen Jiménez, sobre un seductor profesional y sus diversas amantes, hasta la más reciente Donde duerme el horror, producida, como la anterior, por él, la producción no ha cesado. Donde duerme el horror, al igual que El psicópata (película, clase B), y en cierta medida La región perdida (2009), de Andrés Heidenreich, incursionan en el género del terror. Esta última trata sobre el asesinato de una figura histórica nacional, el doctor Ricardo Moreno Cañas. Se plantea desde diversas perspectivas y mezcla la ficción con el documental. Marasmo (2003), de Mauricio Mendiola, es una película que aborda un tema extranjero: la guerrilla colombiana. La película, con una técnica impecable, fue criticada por no abordar una problemática nacional, y por usar actores costarricenses con acento “colombiano”. Esteban Ramírez ha logrado dos diversos éxitos con Caribe (2005) y Gestación (2009). La primera, una película más ambiciosa, con actores extranjeros y una trama que mezcla amor y problemas ecológicos, en medio de un paisaje, que pareciera el protagonista. Gestación, mucho más sencilla, fue muy efectiva con el público y, hasta ahora es la película más taquillera de este siglo. Una historia típica: chico clase media alta se enamora de chica pobre, hacen el amor, ella se embaraza y tiene problemas en el colegio. El muchacho duda de qué hacer pues ella se niega a abortar. Finalmente, le ofrece matrimonio, pero ella, a diferencia de la telenovela, se queda sola con su bebé. El joven padre, en un final feliz, se solidariza con la madre y se responsabilizará del bebé. Otras películas estrenadas son Del amor y otros demonios (2009), de Hilda Hidalgo, adaptación de la novela de García Márquez. Con una estética impecable, Hidalgo no cae en la tentación “gabiana” de los estereotipos y el filme es intimista. Centra su atención en la niña que ha sido mordida por un perro rabioso, y su posterior enamoramiento del cura que intenta salvarla. Se le ha criticado su tempo, que al igual que el de El camino (2008), de Ishtar Yasin, es lento. Pero esta es una opción estética y no un error. El problema es que estamos acostumbrados a la acción hollywoodense. La película de Yasin plantea el problema de la inmigración de nicaragüenses a Costa Rica desde la perspectiva de una niña. Es la película que, hasta ahora, ha ganado más premios internacionales. Agua fría de mar (2009), de Paz Fábrega, estrenada en festivales internacionales y ganadora de uno de los premios más importantes de la industria cinematográfica, el “Tigre”, del festival de Rotterdam, también es una película intimista. Del amor y otros demonios (2009), de Hilda Hidalgo, Costa Rica 06 Un encuentro entre una joven de clase media alta y una niña de escasos recursos les cambia las vidas a ambas, pero, sobre todo, a la mujer mayor. Tercer mundo (2009), de César Caro, igualmente estrenada en festivales, combina tres historias que suceden en Chile, Bolivia y Costa Rica, y que, con el pretexto de la búsqueda de extraterrestres, en realidad, lo que se busca es la identidad personal y colectiva de los personajes y sus entornos. Otra película intimista, A ojos cerrados (2010), de Hernán Jiménez, cuenta la historia de una exitosa joven ejecutiva, quien vive con sus abuelos, que se encuentra en la encrucijada de acompañar a su abuelo a dejar las cenizas de su abuela, recién fallecida, al Caribe o mantener un proyecto de millones de dólares. Se parte de la construcción de personajes, de los caminos que se abren a las personas y las decisiones que hay que tomar, y de cómo el amor y la familia son valores que aún no se han perdido del todo. Jiménez ya inició el rodaje de El regreso (2010). El último comandante (2010), de Isabel Martínez y Vicente Ferraz, y protagonizada por el gran actor mexicano Damián Alcázar, parte de la revolución sandinista para darnos un retrato del ser humano, sus sueños, en un viaje de ida y vuelta entre Nicaragua y Costa Rica. Pero, finalmente, la historia se torna en un drama interno y universal. Por su parte, Miguel Gómez se ha convertido en un “fenómeno fílmico”. Su primera obra, El cielo rojo, sin publicidad y exhibida en una sola sala, estuvo diez semanas en cartelera y toca temas fundamentales: la juventud en el momento de tomar decisiones como el estudio, el amor y el futuro del país. Comedia al fin, con diálogos muy bien construidos, la película es, también, una denuncia de ciertos acontecimientos del país. Gómez ha terminado otra cinta, El sanatorio, una historia de terror, y filma El fin, una parodia de la idea del fin del mundo. Esteban Ramírez, anuncia, asimismo, la preparación de dos filmes más, así como otros realizadores tales como Gustavo Fallas, César Delgado, Mauro Borges, Ishtar Yasin, Laura Astorga, entre otros. En Costa Rica, se realizaron nueve largometrajes durante el siglo XX. En esta primera década ya se han finalizado 18 películas, exactamente el doble de lo realizado el siglo anterior. Y muchos proyectos más van en camino. Es un ejemplo de que el cine nacional y regional no se va a detener y que hay una oleada de jóvenes deseosos de contar sus historias en imágenes. ** ¿Qué falta? Como dijimos, legislaciones adecuadas, inversionistas interesados en la industria y un público, sobre todo, anuente a verse en las pantallas. Centroamérica de nuevo está en guerra: pero de imágenes e historias propias. A ojos cerrados (2010), de Hernán Jiménez El último comandante (2010), de Isabel Martínez y Vicente Ferraz, Costa Rica El Sanatorio (2010), de Miguel Gómez, Costa Rica07 Obra y vida del pintor Rafa Fernández Alma Fernandez Tercero Artista Costarricense Se recopila obra y detalle de la vida del pintor Rafael Ángel Fernández Piedra, esta es comentada en esta nota por su hija, la curadora y también artista, Alma Fernández. ** “Pinto, luego existo. Mientras pinto vivo, mientras vivo pinto, pintar y vivir son para mí lo mismo”. Esa fue la premisa de mi padre, Rafa Fernández, a quien citaré libremente en este recorrido por su universo pictórico. No es posible resumir una vida tan intensa, tan rica y tan provechosa en un texto, pero puedo decir que mi padre fue un hombre brillante, de una mente clara, de una inteligencia extraordinaria, de una voluntad admirable que sabía lo que quería y como lograrlo. “Pinto con total desparpajo, dejándome ir, reencontrándome con personajes que alguna vez, – aunque sea en sueños-, me fueron propios”. Supo romper todas las ataduras, su genio le permitió superar la adversidad y logró crear un universo de magia y expresionismo con absoluta libertad. “Siento que se me acorta el tiempo y tengo mucho que decir todavía…”. Él quería sacarlo todo, expresarlo en su pintura. No dejó nada inconcluso, no perdió un minuto, tenía la fuerza existencial para seguir pintando hasta morir decía, y así lo hizo. La obra de mi padre lo define como un gran exponente del realismo mágico en Centroamérica y lo reconoce como un artista La dama del alba El Circo08 consagrado en el ámbito internacional. Lo respalda una carrera ininterrumpida de 65 años de la que dan fe la lista de museos internacionales que exhiben su obra y los importantes reconocimientos que recibió a lo largo de su carrera. La Gallería degli Uffizi, el Museo Goya para mencionar un par de instituciones y entre sus reconocimientos 3 premios nacionales Aquileo J. Echeverría y el premio Magón, que es el máximo reconocimiento otorgado por el Estado costarricense a un ciudadano destacado por la obra de toda una vida. Mi padre vivió una época de grandes sucesos, épocas de guerra y de postguerra, vivió en Madrid en la época de Franco y luego volvió al Madrid del destape, una época de grandes cambios tecnológicos, de depresiones económicas y también de crecimiento, de hechos históricos que marcaron su tiempo y su obra y le dieron una visión global de su entorno, amaba la música, el teatro, la literatura y sobre todo la poesía, era un artista sin fronteras, sin fronteras físicas y sin fronteras mentales, fue un costarricense universal. Su trayecto en la Pintura Su carrera como pintor inició desde joven en La Casa del Artista, de donde gracias a una beca gestionada por la misma doña Olga Espinach pasa a la escuela de Bellas Artes de Managua bajo la dirección del Maestro Rodrigo Peñalba de quien hereda una tremenda carga expresionista y una atmósfera oscura, tanto técnica como temática, poblada por personajes monstruosos y grotescos que caracterizan los años ´60. Le sigue un período caracterizado por una atmósfera esotérica y teatral que abarca los intensos años ´70, en los cuales se consolida como una joven promesa de las artes visuales que no defraudaría al maestro que había puesto su mirada en él, don Manuel de la Cruz González. Los años ´80 vienen a él con la rotunda decisión de dedicarse por completo a su pintura, asumiendo todos los riesgos. A partir de esta audaz y valiente apuesta, toda su energía se enfoca en su obra al llevar a tope el potencial productivo que determina el eje, que desde entonces, quedaría grabado en la memoria colectiva: las mujeres de Rafa Fernández. Esta es la imagen femenina que él mismo definía como un elemento vital, creación en sí misma, reproducción, naturaleza de la que partía toda necesidad biológica de la vida que para él era la pintura. En la década del ´90, después de un lustro de vivir en Madrid, su universo creativo se ha expandido, sus mujeres se enaltecen, su nivel técnico alcanza la maestría y recibe en Madrid premios y reconocimientos que impulsan su carrera. Así transcurren los últimos años del siglo XX para él; exposiciones, viajes, reconocimientos, hasta que en el 2002 un terrible acontecimiento lo cambia todo, un huracán llega como un zarpazo en dos derrames cerebrales que por poco le arrancan la vida, pero vuelve a la arena con más fuerza que nunca y dándole un giro a la trampa, se reinventa, se libera y vuelve a pintar con la absoluta entrega de su alma. Pintar como forma de vida Es esta la etapa en la que, a través de todos los brillos, de todas las luces y de todos los colores, conozco a fondo a mi padre y entiendo los significados de esta obra en la que él habita y a través de la cual se comunica, prueba de ello es la La Bañista09 frase que me regaló hace un tiempo, en la que él mismo lo explica: “Mientras más tenue se hace mi voz, más fuerte se hace mi pintura”. Yo habito mi pintura, me dijo mi padre hace unos años, pero es hasta ahora que entiendo el alcance de aquella frase, porque no se refería solo a que estaba en el azul del que se adueñó o en las miradas vivas de sus personajes, o en la profundidad de sus atmósferas, sino que se refería a la comunión sacramental entre él y su pintura. Nunca paró de pintar, nunca dejó de crear, ni siquiera cuando su cuerpo se negaba a obedecer su voluntad, porque fue entonces cuando más pintó. Yo sabía que cuando mi papá partiera, su obra iba a alcanzar toda su dimensión, pero no pensé que a mí misma me sorprendería descubrirla. En la elaboración del inventario que he estado realizando después de su muerte, he descubierto una obra nueva a pesar de que ya la conocía. Esto ocurre porque la mirada cambia, porque cada una de sus obras es ahora su última obra, porque cada una de esas obras es parte integral de un único cuadro que pintó a través de toda su vida, es aquí donde se define el concepto de obra total, y su firma, Rafa Fernández, es la huella indeleble que quedará impresa en la historia del arte latinoamericano. ** Rafael Ángel Fernández Piedra, fallecido en 2018, es considerado uno de los artistas más representativos de Costa Rica, cuya obra ha tenido también proyección internacional. Obtuvo el premio Aquileo J. Echeverría en Artes Plásticas en 1968, 1972 y 1975, así como el premio Nacional de Cultura Magón en 2002, el más importante galardón que otorga el Estado costarricense en reconocimiento a una vida dedicada a la cultura. En este recorrido trataré de abarcar su obra y su vida, desde el cristal de mi memoria y del enorme legado pictórico de mi padre. Algo por acontecer Viajero del tiempo