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Published on Aug 26, 2026
Description:
DE USOS Y DESUSOS Revista de arte cultura y otros usos
I Edición Año 2022 Revista de Usos y Desusos
Derechos Reservados Monelll Mercadeo01
CONTENIDO TABLA DE02
El inesperado auge del
Cine Centroamericano
María Lourdes Cortés
Historiadora Costarricense
¿Cómo es posible que Panamá esperara
60 años para ver historias propias, y
no ser solo el escenario de películas de
James Bond? Chance (2009), de Abner
Benaim, se estrenó en Panamá y logró
una taquilla mayor que la megaproducción hollywoodense Avatar. En Costa
Rica, se presentó, pero no tuvo “chance”
entre tantas producciones industriales,
aunque se conseguía en los laberintos de
la piratería.
La comedia de Benaim cuenta cómo dos
empleadas domésticas secuestran a
sus patrones, supuestos ricos, pero quienes lo deben todo, con tal de mantener
sus apariencias. Ellas son maltratadas y
toman su defensa en manos propias. El
filme es un retrato de un estrato social
típico de nuestros países, en el que las
apariencias son más importantes que los
valores como la familia y la solidaridad.
Por su parte, Honduras no vio ningún largometraje propio durante todo el siglo XX
pero, en el año 2003, se presentaron tres
filmes: Almas de la media noche, de Juan
Carlos Fanconi; Anita la cazadora de insectos, de Hispano Durón y No hay tierra
sin dueño, del mítico realizador, Sami Kafati.
Dicho director duró 17 años en realizar la
película; murió y la familia logró que algunos profesionales chilenos la finalizaran. El resultado es que dicho filme se
presentó, de manera póstuma, tanto en
Cannes, como en el festival de Tribeca. Es
una historia épica, tradicional de Latinoamérica en la que se da la lucha entre los
campesinos jóvenes o independientes y
los terratenientes. Si se quiere, una historia típica de la literatura de la primera
mitad del siglo XX pero que, lamentablemente, no ha perdido vigencia en nuestra
región.
Almas de la medianoche es una historia de terror que mezcla leyendas lencas con zombis. El filme, el primero en ser
mostrado en el país, fue realizado con un
presupuesto menor a 40 mil dólares y estuvo tres meses en cartelera; recuperó su
inversión y se convirtió en un verdadero
fenómeno entre el público joven. Anita, la
cazadora de insectos, trata el tema del
consumismo y de lo aparencial, también,
pero en clases medias. Es la adaptación
del cuentista Roberto Castillo. Seis años
después, en el año 2009, se presentó de
nuevo en los cines una comedia: Amor y
frijoles, de Mathew Kodath y Hernán Pereira. El filme es una comedia costumbrista
de enredos sobre el amor y los chismes
pueblerinos. Nicaragua “noqueó” a varias superproducciones hollywoodenses
con La Yuma (2009), de Florence Yaugey.
De igual manera, habían pasado 21 desde que Ramiro Lacayo, director del mítico
Instituto Nicaragüense de Cine (INCINE),
realizara el largometraje El espectro de la
guerra (1988).
Con la caída de los sandinistas, el cine
perdió el apoyo estatal y no fue sino hasta
el 2009 que se pudo concluir y presentar
otro filme que, como decíamos, superó a
Ironman y a otros filmes millonarios, además de haber obtenido, en sus primeras
exhibiciones, 9 premios internacionales.
Chance (2009) de Abner Benaim, Panamá 03
La Yuma es una boxeadora asediada por
la violencia familiar y social, que logra escapar de un mundo de miseria y violencia.
La chica decide salvarse, y rescatar a sus
hermanos. Después de varios incidentes,
se incorpora a un mágico circo y se libera
del destino que inevitablemente le tocaba: pobreza, agresión y maltrato.
La Yuma, aparte de mostrarnos la Nicaragua en diversos estratos sociales, nos
propone una salida de esperanza, lo que
hace que el filme conecte con el público.
El Salvador tampoco realizó sus largometrajes desde los años setenta. En el año
2008Roberto Dávila revivió la reciente
guerra civil en Sobreviviendo Guazapa.
La película causó mucha polémica, ya
que los sobrevivientes del conflicto consideraron que el filme tiene una visión ideológicamente de derecha. Sin embargo,
los espectadores acudieron a las salas y
hubo un verdadero diálogo en torno al filme y, mejor aún, fue una, excusa para reflexionar en torno a la reciente guerra civil.
Pero, ¿por qué sucede esta aceleración de
nuestra filmografía?
El silencio del cine en Centroamérica
El silencio de Neto (1994), de Luis Argueta,
multipremiado en importantes festivales
internacionales, fue el único largometraje de ficción realizado durante la década
de los años noventa.
La exhibición, distribución y consumo del
audiovisual estaba en plena transformación. Las grandes salas de cine habían
desaparecido, pero todavía no se habían consolidado los complejos de cine
adosados a los “mall”. Teníamos el VHS,
pronto el DVD, y el cable, lo que nos dio
cada vez más posibilidades de entretenimiento. Sin embargo, a partir del 2001, un
huracán cinematográfico se desató.
Una serie de factores nos explica este
fenómeno. Guatemala creó, en 1998, un
festival para la región, el Ícaro, que paulatinamente se fue consolidando y, pronto, tendrá su décima segunda edición.
En Costa Rica, desde 1992, se realiza la
Muestra de cine y vídeo costarricense la
cual presenta lo que se produce en cortometraje, documental y animación. Dicha muestra cuenta ya con 18 ediciones,
lo que en nuestros países es un récord.
Asimismo, surgió, en el 2003, el festival
de vídeo joven, “La 240”, que muestra los
trabajos de jóvenes sin experiencia y cuyas propuestas pueden ser presentadas
en cualquier formato. Dicho festival se
transformó en centroamericano a partir
del 2008.
La academia también comprendió la importancia del audiovisual. La mayor parte
de los realizadores, hasta entonces, eran
autodidactas. A partir de los años noventa, muchos jóvenes vinieron graduados
de diversas escuelas de Europa, del bloque soviético y, sobre todo, de la Escuela
Internacional de Cine y Televisión (EICTV),
de San Antonio de los Baños, Cuba.
La Universidad de Costa Rica abrió una
especialidad de producción audiovisual
en su carrera de Comunicación Colectiva y, en el 2009, se creó una Maestría en
Cinematografía. La Universidad Veritas
fundó sus carreras de Cine y Televisión
y Animación Digital, en Costa Rica, que
ya ha graduado a una docena de jóvenes. En Guatemala, la productora Casa
Comal, en asociación con la EICTV, abrió
también una escuela práctica de audiovisual y, en El Salvador, lo que empezó
como una taller de producción audiovisual en la Escuela Mónica Herrera, hoy ya
es un diplomado formal.
Leyes de cine se aprobaron en Panamá
y en Nicaragua. Costa Rica tiene la suya
en la Asamblea Legislativa y El Salvador
redactó un proyecto. Existen asociaciones formales en todos los países, las que
han influido en sus gobiernos. Es el caso
del ingreso a Ibermedia, el proyecto de
coproducción cinematográfica más importante de Iberoamérica, el cual implica
que el gobierno de cada país pague una
cuota de $100 000 USD por año, pero que
los proyectos presentados obtienen más
del doble de lo que el país ha invertido.
Ya han ingresado Panamá, Costa Rica y
Guatemala.
Un “menú” de formatos, estéticas y te- La Yuma (2009), de Florence Yaugey, Ni- máticas
caragua04
Luis Argueta, realizador de El silencio de
Neto (1994), volvió al cine de una manera
diametralmente diferente. Con su película Collect call (2002), mostró las difíciles condiciones económicas y las pocas
oportunidades que tuvo para realizar su
segunda película. El protagonista de El silencio de Neto, actualmente un campesino, fue el actor que representó a Neto,
8 años más tarde. El joven, después de
haber conocido el “glamoroso mundo del
cine, quiere volver a ser actor. Acude a un
Luis Argueta supuestamente director de
éxito en Estados Unidos. Quiere conseguir
el sueño americano, pero junto a Luis Argueta y su esposa (como actores principales) termina lavando platos y estafando a turistas.
Las condiciones de producción de la película son precarias: realizada en digital,
con la misma familia actuando, en época
actual y sin vestuarios específicos. El filme
rompe los límites entre la ficción y el documental y con ella se abre un abanico de
posibilidades de hacer cine. Un año después, se realizó una película tradicional:
Donde acaban los caminos, de Carlos
García Agraz, adaptación de la novela homónima de Mario Monteforte Toledo. También se produjo otra adaptación literaria, Lo
que soñó Sebastián, de Rodrigo Rey Rosa, y
dirigida por él. Ambas con una buena calidad estética.
La primera, aborda un tema tradicional de
la historia de amor imposible entre el ladino y la indígena. La segunda, más contemporánea, tiene como protagonista el Petén
y los problemas de caza y daños al ambiente que allí se suceden.
Casa Comal empezó a producir una
serie de filmes, la mayoría de denuncia.
La casa de enfrente (2003) y VIP, la otra
casa (2007), de Elías Jiménez, plantean
la corrupción del sistema político del
país, el mundo de las drogas y del trasiego del sexo, mientras que Las cruces,
poblado próximo (2005), de Rafael Rosal, aborda el tema de la reciente guerra civil y de cómo los poblados indígenas eran arrasados por los militares. En
el año 2009, producen La bodega, de
Ray Figueroa, una historia de venganza
de dos ciudadanos contra un pandillero.
Rafa Tres estrenó su filme Un día de sol
(2010), sobre una chica que quiere vivir
rodeada de todo lo que tenga que ver
con el fútbol. Películas como Fe, de Alejo
Crisóstomo y Las marimbas del infierno,
de Julio Hernández, son también algunos de los filmes que se encuentran en
postproducción.
Gasolina (2008), de Julio Hernández,
es más una película de autor, con una
propuesta estética propia. Propone la
Guatemala de posguerra, donde la violencia está en las calles y ya no en las
montañas. Un grupo de adolescentes
se reúne para robar gasolina y dar vueltas sin destino. Es el país sin esperanza,
que rechaza sus raíces –atropellan a un
indígena y uno de los chicos le prende
fuego– y que no tiene propuestas de futuro. El filme ha ganado varios premios
internacionales, entre ellos el de Mejor
película latinoamericana, en la sección
Horizontes latinos, del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.
Un día de sol (2010), de Rafa Tres,
Guatemala
Gasolina (2008), de Julio Hernández,
Guatemala05
En Costa Rica, el cine también está avanzando de manera inaudita y el cine nacional se ha convertido en noticia cotidiana. Desde Asesinato en El Meneo
(2001), de Óscar Castillo, denuncia de la
corrupción política y empresarial, entre
comedia y chicas semidesnudas, pasando por Mujeres apasionadas (2003),
de Maureen Jiménez, sobre un seductor
profesional y sus diversas amantes, hasta la más reciente Donde duerme el horror, producida, como la anterior, por él, la
producción no ha cesado. Donde duerme
el horror, al igual que El psicópata (película, clase B), y en cierta medida La región perdida (2009), de Andrés Heidenreich, incursionan en el género del terror.
Esta última trata sobre el asesinato de
una figura histórica nacional, el doctor
Ricardo Moreno Cañas. Se plantea desde
diversas perspectivas y mezcla la ficción
con el documental.
Marasmo (2003), de Mauricio Mendiola,
es una película que aborda un tema extranjero: la guerrilla colombiana. La película, con una técnica impecable, fue criticada por no abordar una problemática
nacional, y por usar actores costarricenses con acento “colombiano”.
Esteban Ramírez ha logrado dos diversos éxitos con Caribe (2005) y Gestación (2009). La primera, una película
más ambiciosa, con actores extranjeros
y una trama que mezcla amor y problemas ecológicos, en medio de un paisaje,
que pareciera el protagonista. Gestación,
mucho más sencilla, fue muy efectiva
con el público y, hasta ahora es la película más taquillera de este siglo.
Una historia típica: chico clase media
alta se enamora de chica pobre, hacen
el amor, ella se embaraza y tiene problemas en el colegio. El muchacho duda de
qué hacer pues ella se niega a abortar.
Finalmente, le ofrece matrimonio, pero
ella, a diferencia de la telenovela, se queda sola con su bebé. El joven padre, en un
final feliz, se solidariza con la madre y se
responsabilizará del bebé.
Otras películas estrenadas son Del amor
y otros demonios (2009), de Hilda Hidalgo, adaptación de la novela de García
Márquez. Con una estética impecable,
Hidalgo no cae en la tentación “gabiana”
de los estereotipos y el filme es intimista.
Centra su atención en la niña que ha sido
mordida por un perro rabioso, y su posterior enamoramiento del cura que intenta salvarla. Se le ha criticado su tempo,
que al igual que el de El camino (2008),
de Ishtar Yasin, es lento. Pero esta es una
opción estética y no un error. El problema
es que estamos acostumbrados a la acción hollywoodense. La película de Yasin
plantea el problema de la inmigración
de nicaragüenses a Costa Rica desde la
perspectiva de una niña. Es la película
que, hasta ahora, ha ganado más premios internacionales.
Agua fría de mar (2009), de Paz Fábrega,
estrenada en festivales internacionales
y ganadora de uno de los premios más
importantes de la industria cinematográfica, el “Tigre”, del festival de Rotterdam, también es una película intimista.
Del amor y otros demonios (2009),
de Hilda Hidalgo, Costa Rica 06
Un encuentro entre una joven de clase
media alta y una niña de escasos recursos les cambia las vidas a ambas, pero,
sobre todo, a la mujer mayor.
Tercer mundo (2009), de César Caro,
igualmente estrenada en festivales, combina tres historias que suceden en Chile,
Bolivia y Costa Rica, y que, con el pretexto de la búsqueda de extraterrestres, en
realidad, lo que se busca es la identidad
personal y colectiva de los personajes y
sus entornos.
Otra película intimista, A ojos cerrados
(2010), de Hernán Jiménez, cuenta la historia de una exitosa joven ejecutiva, quien
vive con sus abuelos, que se encuentra
en la encrucijada de acompañar a su
abuelo a dejar las cenizas de su abuela,
recién fallecida, al Caribe o mantener un
proyecto de millones de dólares. Se parte
de la construcción de personajes, de los
caminos que se abren a las personas y
las decisiones que hay que tomar, y de
cómo el amor y la familia son valores que
aún no se han perdido del todo. Jiménez
ya inició el rodaje de El regreso (2010).
El último comandante (2010), de Isabel
Martínez y Vicente Ferraz, y protagonizada por el gran actor mexicano Damián
Alcázar, parte de la revolución sandinista
para darnos un retrato del ser humano,
sus sueños, en un viaje de ida y vuelta
entre Nicaragua y Costa Rica. Pero, finalmente, la historia se torna en un drama
interno y universal.
Por su parte, Miguel Gómez se ha convertido en un “fenómeno fílmico”. Su primera
obra, El cielo rojo, sin publicidad y exhibida en una sola sala, estuvo diez semanas
en cartelera y toca temas fundamentales: la juventud en el momento de tomar
decisiones como el estudio, el amor y el
futuro del país. Comedia al fin, con diálogos muy bien construidos, la película es,
también, una denuncia de ciertos acontecimientos del país. Gómez ha terminado otra cinta, El sanatorio, una historia de
terror, y filma El fin, una parodia de la idea
del fin del mundo.
Esteban Ramírez, anuncia, asimismo, la
preparación de dos filmes más, así como
otros realizadores tales como Gustavo
Fallas, César Delgado, Mauro Borges, Ishtar Yasin, Laura Astorga, entre otros.
En Costa Rica, se realizaron nueve largometrajes durante el siglo XX. En esta
primera década ya se han finalizado 18
películas, exactamente el doble de lo
realizado el siglo anterior. Y muchos proyectos más van en camino. Es un ejemplo de que el cine nacional y regional no
se va a detener y que hay una oleada de
jóvenes deseosos de contar sus historias
en imágenes.
**
¿Qué falta? Como dijimos, legislaciones
adecuadas, inversionistas interesados
en la industria y un público, sobre
todo, anuente a verse en las pantallas.
Centroamérica de nuevo está en guerra:
pero de imágenes e historias propias.
A ojos cerrados (2010),
de Hernán Jiménez
El último comandante (2010), de Isabel
Martínez y Vicente Ferraz, Costa Rica
El Sanatorio (2010), de Miguel Gómez,
Costa Rica07
Obra y vida del pintor
Rafa Fernández
Alma Fernandez Tercero
Artista Costarricense
Se recopila obra y detalle de la vida del
pintor Rafael Ángel Fernández Piedra,
esta es comentada en esta nota por su
hija, la curadora y también artista, Alma
Fernández.
**
“Pinto, luego existo. Mientras pinto vivo,
mientras vivo pinto, pintar y vivir son para
mí lo mismo”. Esa fue la premisa de mi
padre, Rafa Fernández, a quien citaré libremente en este recorrido por su universo pictórico.
No es posible resumir una vida tan intensa, tan rica y tan provechosa en un texto, pero puedo decir que mi padre fue
un hombre brillante, de una mente clara, de una inteligencia extraordinaria, de
una voluntad admirable que sabía lo que
quería y como lograrlo. “Pinto con total
desparpajo, dejándome ir, reencontrándome con personajes que alguna vez, –
aunque sea en sueños-, me fueron propios”.
Supo romper todas las ataduras, su genio
le permitió superar la adversidad y logró
crear un universo de magia y expresionismo con absoluta libertad. “Siento que
se me acorta el tiempo y tengo mucho
que decir todavía…”. Él quería sacarlo todo,
expresarlo en su pintura. No dejó nada inconcluso, no perdió un minuto, tenía la
fuerza existencial para seguir pintando
hasta morir decía, y así lo hizo.
La obra de mi padre lo define como un gran
exponente del realismo mágico en Centroamérica y lo reconoce como un artista
La dama del alba
El Circo08
consagrado en el ámbito internacional. Lo
respalda una carrera ininterrumpida de 65
años de la que dan fe la lista de museos
internacionales que exhiben su obra y los
importantes reconocimientos que recibió
a lo largo de su carrera. La Gallería degli
Uffizi, el Museo Goya para mencionar un
par de instituciones y entre sus reconocimientos 3 premios nacionales Aquileo
J. Echeverría y el premio Magón, que es
el máximo reconocimiento otorgado por
el Estado costarricense a un ciudadano
destacado por la obra de toda una vida.
Mi padre vivió una época de grandes sucesos, épocas de guerra y de postguerra,
vivió en Madrid en la época de Franco y
luego volvió al Madrid del destape, una
época de grandes cambios tecnológicos,
de depresiones económicas y también
de crecimiento, de hechos históricos que
marcaron su tiempo y su obra y le dieron
una visión global de su entorno, amaba
la música, el teatro, la literatura y sobre
todo la poesía, era un artista sin fronteras, sin fronteras físicas y sin fronteras
mentales, fue un costarricense universal.
Su trayecto en la Pintura
Su carrera como pintor inició desde joven en La Casa del Artista, de donde
gracias a una beca gestionada por la
misma doña Olga Espinach pasa a la
escuela de Bellas Artes de Managua
bajo la dirección del Maestro Rodrigo
Peñalba de quien hereda una tremenda carga expresionista y una atmósfera
oscura, tanto técnica como temática,
poblada por personajes monstruosos y
grotescos que caracterizan los años ´60.
Le sigue un período caracterizado
por una atmósfera esotérica y teatral
que abarca los intensos años ´70, en
los cuales se consolida como una joven promesa de las artes visuales que
no defraudaría al maestro que había
puesto su mirada en él, don Manuel de
la Cruz González. Los años ´80 vienen a
él con la rotunda decisión de dedicarse
por completo a su pintura, asumiendo
todos los riesgos. A partir de esta audaz
y valiente apuesta, toda su energía se
enfoca en su obra al llevar a tope el potencial productivo que determina el eje,
que desde entonces, quedaría grabado
en la memoria colectiva: las mujeres de
Rafa Fernández. Esta es la imagen femenina que él mismo definía como un
elemento vital, creación en sí misma,
reproducción, naturaleza de la que partía toda necesidad biológica de la vida
que para él era la pintura.
En la década del ´90, después de un lustro de vivir en Madrid, su universo creativo se ha expandido, sus mujeres se
enaltecen, su nivel técnico alcanza la
maestría y recibe en Madrid premios y
reconocimientos que impulsan su carrera.
Así transcurren los últimos años del siglo XX para él; exposiciones, viajes, reconocimientos, hasta que en el 2002 un
terrible acontecimiento lo cambia todo,
un huracán llega como un zarpazo en
dos derrames cerebrales que por poco
le arrancan la vida, pero vuelve a la arena con más fuerza que nunca y dándole
un giro a la trampa, se reinventa, se libera y vuelve a pintar con la absoluta
entrega de su alma.
Pintar como forma de vida
Es esta la etapa en la que, a través de
todos los brillos, de todas las luces y de
todos los colores, conozco a fondo a mi
padre y entiendo los significados de esta
obra en la que él habita y a través de la
cual se comunica, prueba de ello es la
La Bañista09
frase que me regaló hace un tiempo,
en la que él mismo lo explica: “Mientras
más tenue se hace mi voz, más fuerte
se hace mi pintura”.
Yo habito mi pintura, me dijo mi padre
hace unos años, pero es hasta ahora
que entiendo el alcance de aquella frase, porque no se refería solo a que estaba en el azul del que se adueñó o en
las miradas vivas de sus personajes, o
en la profundidad de sus atmósferas,
sino que se refería a la comunión sacramental entre él y su pintura.
Nunca paró de pintar, nunca dejó de
crear, ni siquiera cuando su cuerpo se
negaba a obedecer su voluntad, porque fue entonces cuando más pintó. Yo
sabía que cuando mi papá partiera, su
obra iba a alcanzar toda su dimensión,
pero no pensé que a mí misma me sorprendería descubrirla.
En la elaboración del inventario que he
estado realizando después de su muerte, he descubierto una obra nueva a
pesar de que ya la conocía. Esto ocurre
porque la mirada cambia, porque cada
una de sus obras es ahora su última
obra, porque cada una de esas obras es
parte integral de un único cuadro que
pintó a través de toda su vida, es aquí
donde se define el concepto de obra
total, y su firma, Rafa Fernández, es la
huella indeleble que quedará impresa
en la historia del arte latinoamericano.
**
Rafael Ángel Fernández Piedra, fallecido
en 2018, es considerado uno de los artistas más representativos de Costa Rica,
cuya obra ha tenido también proyección
internacional. Obtuvo el premio Aquileo
J. Echeverría en Artes Plásticas en 1968,
1972 y 1975, así como el premio Nacional
de Cultura Magón en 2002, el más importante galardón que otorga el Estado costarricense en reconocimiento a una vida
dedicada a la cultura. En este recorrido
trataré de abarcar su obra y su vida, desde el cristal de mi memoria y del enorme
legado pictórico de mi padre.
Algo por acontecer Viajero del tiempo